Comienzo de las guerras médicas
499 a. C.

El evento en detalle
Las guerras médicas (también llamadas guerras greco-persas) fueron una serie de conflictos entre el Imperio aqueménida de Persia y las polis (ciudades-estado) del mundo helénico que comenzaron en 492 a. C. y se extendieron hasta el año 449 a. C. La colisión entre el fragmentado mundo político de la antigua Grecia y el enorme imperio persa comenzó cuando Ciro II el Grande conquistó Jonia en el 547 a. C. En su lucha por controlar las ciudades independientes de Jonia, los persas designaron tiranos para gobernarlas. Esto resultaría ser la fuente de muchos problemas tanto para griegos como para persas. Los conflictos tuvieron dos momentos críticos en las dos expediciones fallidas de los persas contra Grecia, en el 490 a. C. y desde el 481 a. C. hasta el 479 a. C., conocidas respectivamente como primera y segunda guerra médica. Aunque el imperio persa se encontraba en la cima de su poderío, la defensa colectiva de los griegos superó obstáculos aparentemente imposibles e incluso logró liberar ciudades-estado griegas en la periferia de Persia. El triunfo griego garantizó la supervivencia de la cultura y las estructuras políticas griegas mucho después de la caída del imperio aqueménida persa.
En el 499 a. C., el tirano de Mileto, Aristágoras, se embarcó en una expedición para conquistar la isla de Naxos, con el apoyo persa. Sin embargo, la expedición fue un fracaso y, previniendo su destitución, Aristágoras incitó a toda el Asia Menor helénica a la rebelión contra los persas. Este fue el comienzo de la Revuelta jónica, que duraría hasta el 493 a. C., involucrando progresivamente a más regiones de Asia Menor en el conflicto. Aristágoras consiguió el apoyo militar de Atenas y Eretria, y en el 498 a. C. estas fuerzas ayudaron a capturar e incendiar Sardes, la capital regional persa. El rey persa Darío el Grande juró vengarse de Atenas y Eretria por este acto. La revuelta continuó, con ambos bandos prácticamente en un punto muerto entre el 497 y el 495 a. C. En el 494 a. C., los persas se reagruparon y atacaron el epicentro de la revuelta en Mileto. En la batalla de Lade, los jonios sufrieron una derrota decisiva y la rebelión colapsó, sofocando los últimos rescoldos al año siguiente.
Buscando proteger su imperio de nuevas revueltas y de la interferencia de los griegos continentales, Darío se embarcó en un plan para conquistar Grecia y castigar a Atenas y Eretria por la quema de Sardes. La primera invasión persa de Grecia (o primera guerra médica) comenzó en el 492 a. C., y en su transcurso el general persa Mardonio subyugó con éxito Tracia y Macedonia antes de que varios contratiempos obligaran a un final prematuro del resto de la campaña. En el 490 a. C. se envió una segunda fuerza a Grecia, esta vez a través del mar Egeo, bajo el mando de Datis y Artafernes. Esta expedición subyugó las Cícladas, antes de sitiar, capturar y arrasar Eretria. Sin embargo, mientras se dirigían a atacar Atenas, las fuerzas persas fueron derrotadas decisivamente por los atenienses en la batalla de Maratón, poniendo fin a los esfuerzos persas por el momento.
Darío comenzó entonces a planear la conquista total de Grecia, pero murió en el 486 a. C. y la responsabilidad de la conquista recayó en su hijo Jerjes. En el 480 a. C., Jerjes lideró personalmente la segunda invasión persa de Grecia (o segunda guerra médica) con uno de los ejércitos antiguos más grandes jamás reunidos. La victoria sobre los estados griegos aliados en la famosa batalla de las Termópilas permitió a los persas incendiar la evacuada Atenas e invadir la mayor parte de Grecia. Sin embargo, mientras buscaban destruir la flota griega combinada, los persas sufrieron una severa derrota en la batalla de Salamina. Al año siguiente, los griegos confederados pasaron a la ofensiva, derrotando decisivamente al ejército persa en la batalla de Platea y poniendo fin a la invasión de Grecia por parte del Imperio aqueménida.
Los griegos aliados continuaron su camino victorioso destruyendo el resto de la flota persa en la batalla de Mícala, antes de expulsar a las guarniciones persas de Sesto (479 a. C.) y Bizancio (478 a. C.). Tras la retirada persa de Europa y la victoria griega en Mícala, Macedonia y las ciudades-estado de Jonia recuperaron su independencia. Las acciones del general espartano Pausanias en el asedio de Bizancio alienaron a muchos de los estados griegos en contra de los espartanos, y por lo tanto, se reconstituyó la alianza antipersa en torno al liderazgo ateniense, llamada la Liga de Delos. La Liga de Delos continuó la campaña contra Persia durante las siguientes tres décadas, comenzando con la expulsión de las guarniciones persas restantes de Europa. En la batalla del Eurimedonte en 466 a. C., la Liga obtuvo una doble victoria que finalmente aseguró la libertad para las ciudades de Jonia. Sin embargo, la participación de la Liga en la revuelta egipcia de Inaro II contra Artajerjes I (460-454 a. C.) resultó en una desastrosa derrota griega, y se suspendieron las campañas. Una flota griega fue enviada a Chipre en el 451 a. C., pero logró poco, y, al retirarse, las guerras médicas llegaron a un final tranquilo. Algunas fuentes históricas sugieren que el fin de las hostilidades estuvo marcado por un tratado de paz entre Atenas y Persia, la Paz de Calias. El enfrentamiento entre griegos y persas, del que las guerras médicas fueron solo una fase, duró en total más de dos siglos y culminó con la conquista y disolución del Imperio aqueménida por Alejandro Magno en el siguiente siglo.
Los propios griegos se refirieron a estas guerras como el «asunto medo» (Μηδικά, Mĕdiká), pues aunque eran perfectamente conscientes de que el Imperio aqueménida, su enemigo, estaba gobernado por una dinastía persa, conservaron para este el nombre con que fue conocido antes, Media, una región contigua a Persia sometida a su imperio.



