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Guerra de Sucesión Española

1701–1714

El evento en detalle

La guerra de sucesión española​ fue una guerra internacional entre grandes potencias europeas que duró desde 1701 hasta la firma del Tratado de Utrecht en 1714. Tuvo como causa fundamental la muerte sin descendencia de Carlos II de España, último representante de la Casa de Habsburgo, en noviembre de 1700, lo que dio lugar a una lucha por el control del Imperio español entre los partidarios de las dinastías reclamantes de los Borbones y los Habsburgo. Su heredero oficial era Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, cuyos principales partidarios eran Francia y la mayor parte de España. Su rival, el archiduque Carlos de Austria, contaba con el apoyo de la Gran Alianza, cuyos principales miembros incluían a Austria, las Provincias Unidas y Gran Bretaña. La guerra dejó como principal consecuencia la instauración de la casa de Borbón en el trono de España.​ Entre los conflictos relacionados importantes se incluyen la Gran Guerra del Norte de 1700 a 1721 y la Guerra de la reina Ana en América del Norte.

Si bien para 1701 España ya no era la potencia europea predominante, su imperio global todavía incluía los Países Bajos Españoles, grandes partes de Italia y América. La posibilidad de su adquisición por parte de Francia o Austria amenazaba el equilibrio de poder europeo, y la proclamación de Felipe como rey de España el 16 de noviembre de 1700 condujo a la guerra. Los franceses mantuvieron la ventaja en las primeras etapas, pero se vieron obligados a adoptar una postura defensiva después de 1706. Aunque los aliados continuaron avanzando en el norte de Francia, para 1709 Felipe había consolidado su posición en España, la causa aparente de la guerra.

En el interior del país, la guerra de sucesión evolucionó hasta convertirse en una guerra civil entre borbónicos, cuyo principal apoyo lo encontraron en Castilla, y austracistas, mayoritarios en Aragón, cuyos últimos rescoldos no se extinguieron hasta 1714, con la capitulación de Barcelona, y 1715, con la rendición de Mallorca ante las fuerzas de Felipe V.

Cuando el emperador José I murió en 1711, el archiduque Carlos sucedió a su hermano como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. En tanto una unión de España y Austria era tan mal recibida como una con Francia, el nuevo gobierno británico argumentó que no tenía sentido continuar. A esas alturas, sólo los subsidios británicos mantenían a sus aliados en la guerra, y su retirada condujo a la Paz de Utrecht en 1713, seguida de los tratados de Rastatt y Baden en 1714.

Felipe fue confirmado como rey de España, pero renunció a su derecho y al de sus descendientes al trono francés. Para la Monarquía Hispánica, las principales consecuencias de la guerra fueron la pérdida de sus posesiones europeas, incluyendo gran parte de sus territorios italianos a favor de Saboya y Austria, junto con los Países Bajos Españoles, aunque permaneció prácticamente intacto fuera de Europa. Asimismo, la abolición de las leyes e instituciones de la Corona de Aragón, lo que puso fin al modelo «federal» de monarquía,​ o «monarquía compuesta»,​ de los austrias.​ Gran Bretaña recibió Gibraltar y Menorca y obtuvo importantes concesiones comerciales en las Américas españolas. Para los neerlandeses, a pesar de haber logrado su ansiado Tratado de la Barrera, la guerra se considera el comienzo de su declive como gran potencia europea. Aunque Luis XIV logró colocar a su nieto en el trono español, Francia quedó económicamente agotada.

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