Disolución de la Unión Soviética
1991

El evento en detalle
La disolución de la Unión Soviética o la disolución de la URSS (en ruso: распа́д Сове́тского Сою́за, romanización raspád Sovétskogo Soyúza) fue la desintegración de las estructuras políticas federales y el Gobierno central de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que culminó con la independencia de las quince repúblicas de la Unión Soviética entre el 11 de marzo de 1990 y el 26 de diciembre de 1991. El Tratado de Belavezha (en ruso: Беловежские соглашения, en bielorruso: Белавежскія пагадненні, en ucraniano: Біловезькі угоди) fue un acuerdo firmado el 8 de diciembre de 1991 principalmente por los presidentes de la RSFS de Rusia, de la RSS de Ucrania y del Sóviet Supremo de la RSS de Bielorrusia (Borís Yeltsin, Leonid Kravchuk y Stanislav Shushkévich, respectivamente) en la reserva natural de Belovézhskaya Puscha. La firma del Tratado fue comunicada por teléfono al presidente de la Unión Soviética Mijaíl Gorbachov por Shushkévich. Estos acuerdos declararon la disolución oficial de la URSS —al poner fin a la vigencia del Tratado de Creación de la URSS (1922)— y el establecimiento de Estados en las antiguas Repúblicas de la Unión Soviética. La disolución del Estado comunista más grande del mundo también marcó el fin de la Guerra Fría.
En resumen, en 1991 la Unión Soviética, que era la superpotencia del bloque socialista, se derrumbó económica y territorialmente debido a las reformas llevadas a cabo por Mijaíl Gorbachov en vista del colapso económico de la Unión Soviética. Conocidas como la perestroika, consistían en pasar rápidamente de una economía planificada socialista a una economía de capitalismo de Estado similar a China; a ellas se oponía, sin embargo, la parte más conservadora del Partido Comunista. Este rápido intento de transición provocó la dislocación del entramado industrial y agrícola de la URSS: el país virtualmente se paralizó, la inflación se disparó y aumentó la pobreza y las consiguientes protestas sociales se canalizaron a través del nacionalismo.
La desintegración de la Unión Soviética está claramente relacionada con el contexto surgido tras el fin de la Guerra Fría y la disolución de otros países del bloque oriental, como la disolución de Yugoslavia y la disolución de Checoslovaquia. A diferencia de Checoslovaquia, no fue una disolución totalmente pacífica y prueba de ello es la existencia todavía de conflictos latentes, como los de Abjasia, Osetia del Sur, Nagorno Karabaj, Transnistria, Chechenia o Crimea. Pero, a diferencia de Yugoslavia, tampoco degeneró en una guerra abierta, como fueron las guerras yugoslavas.
Se calcula que tras la disolución de la Unión Soviética se produjeron alrededor de cuatro millones de muertes prematuras en Rusia. Rusia experimentó el mayor descenso de la esperanza de vida en tiempos de paz de la historia. La pobreza se disparó: a finales de los años 90, el número de personas que vivían por debajo del umbral internacional de pobreza pasó del 3 % en 1987-88 al 50 %, es decir, unos ochenta y ocho millones de personas. Sólo el 4 % de la región vivía con cuatro dólares al día o menos, pero en 1994 esta cifra se disparó hasta el 32 %. La delincuencia, el consumo de alcohol y drogas y los suicidios se dispararon tras la caída de la URSS.
