Conquista otomana de Constantinopla
1453

El evento en detalle
La caída de Constantinopla (en turco: Konstantinopolis'in Düşüşü), también conocida como la conquista de Constantinopla (en turco: İstanbul'un Fethi), fue la captura de la ciudad de Constantinopla, la capital del Imperio bizantino, por parte del Imperio otomano. La ciudad fue capturada el 29 de mayo de 1453 como parte de la culminación de un asedio de 53 días que había comenzado el 6 de abril.
El ejército del Imperio otomano, que superaba significativamente en número a los defensores de Constantinopla, estaba comandado por el sultán Mehmed II (más tarde apodado «el Conquistador»), mientras que el ejército bizantino estaba liderado por el emperador Constantino XI Paleólogo. Después de conquistar la ciudad, Mehmed II hizo de Constantinopla la nueva capital otomana, reemplazando a Adrianopolis (actualmente Edirne, Turquía), la capital previa.
La caída de Constantinopla y del Imperio bizantino fue un momento clave en la Baja Edad Media que marcó el fin efectivo del Imperio romano, un Estado que comenzó aproximadamente en el año 27 a. C. y duró casi 1500 años. Para muchos historiadores modernos, la caída de Constantinopla marca el final de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna.
La caída de Constantinopla también representó un punto de inflexión en la historia militar. Desde la antigüedad, las ciudades y los castillos habían dependido de murallas y muros para repeler a los invasores. Las murallas de Constantinopla, especialmente las erigidas bajo el gobierno del emperador Teodosio II (r. 402-450), eran algunos de los sistemas defensivos más avanzados del mundo en ese momento. Durante 800 años, las Murallas Teodosianas, consideradas por los historiadores como las murallas más fuertes y fortificadas de la época antigua y medieval, protegieron Constantinopla del ataque. Sin embargo, estas fortificaciones fueron superadas con el uso de la pólvora, específicamente de cañones y bombardas otomanos, presagiando un cambio en la guerra de asedio. Los cañones otomanos dispararon repetidamente balas de cañón masivas que pesaban 500 kilogramos a distancias de 1,5 kilómetros, lo que creó brechas en las Murallas Teodosianas para el asedio otomano.
La caída de la ciudad eliminó lo que alguna vez fue una poderosa defensa para la Europa cristiana contra la invasión musulmana, permitiendo una expansión otomana ininterrumpida hacia Europa Oriental. Para la Cristiandad, la victoria de Mehmed en Constantinopla representó pues un cambio significativo en sus relaciones con Oriente. Desprovistos ahora tanto de un antiguo Estado colchón frente a los otomanos como del acceso al mar Negro, los reinos cristianos tuvieron que depender de Hungría para frenar cualquier nueva expansión hacia Occidente. De acuerdo con algunos académicos modernos, el éxodo de eruditos griegos hacia Italia como consecuencia de la caída de Constantinopla, marcó también el fin de la Edad Media y el comienzo del Renacimiento.
