Platón funda la Academia
387 a. C.

El evento en detalle
La Academia (en griego clásico, Ἀκαδήμεια Πλάτωνος; en griego moderno, Ακαδημία Πλάτωνος; en latín: Academia Platonis) fue la escuela filosófica fundada por Platón alrededor de 387 a. C. en los jardines de Academo fuera de los muros de Atenas. Destruida durante la primera guerra mitridática y refundada en 410 d. C., fue clausurada definitivamente por el emperador Justiniano en 529. Dedicada a investigar y a profundizar en el conocimiento, en ella se desarrolló casi todo el trabajo matemático de la época. También se enseñó medicina, retórica y astronomía. Sin embargo, su inclinación por los estudios matemáticos habría llevado a poner en el frontispicio de la Academia, según una tradición bastante discutida, la siguiente inscripción: «Ἀγεωμέτρητος μηδείς εἰσίτω» («Aquí no entra nadie que no sepa geometría»). Puede ser considerada como la primera universidad de Occidente.
La Academia tomó su impulso a partir de las enseñanzas de Sócrates, maestro de Platón, aunque centrada más en los aspectos metafísicos y especulativos. También habría sido importante la vertiente política —documentada en la República, las Leyes o la Carta VII—, por lo que algunos expertos han considerado la escuela como una «facultad de ciencias políticas» con el fin de formar a políticos profesionales. El programa de estudios tendría como base las disciplinas matemáticas y la astronomía, a semejanza de los pitagóricos; también habría compartido con estos últimos un afán por evitar que sus conocimientos fueran conocidos por personas ajenas a su selecto entorno. La organización de la escuela no sería jerárquica, sino que sus miembros vivían como un grupo de iguales que investigaban en común. Además, Platón no cobraba honorarios a los alumnos.
Para consagrarse mejor al estudio, sus miembros formaban una comunidad separada de la ciudad y basada en la amistad mutua, probablemente con la celebración de debates y comidas en común. La formación en la disciplina de la dialéctica (discusión de una tesis a través de preguntas y respuestas) resultaba decisiva, con el objeto de dominar —a través de la palabra y el razonamiento— el discurso político, pero no como mero ejercicio sofístico sino mediante una ascesis o transformación previa y de acuerdo con el logos (razón universal) compartido y acordado por los interlocutores. Todo ello conducía a la libertad de pensamiento entre sus miembros y, como resultado, a que no existiese una doctrina ortodoxa ni dogmas instituidos.
